LA VERDADERA HUMILDAD

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La línea entre la humildad y la humillación a veces se difumina. Cuando nos humillamos, reconocemos nuestra falta de autosuficiencia, orgullo y poder. Dejamos en claro que no podemos lograr nada por nosotros mismos y que no nos vamos a llevar el crédito inmerecido  por nuestra contribución en lo que se logre realizar.

La humillación por otro lado, corrompe la humildad con un sentido de vergüenza y menosprecio sea que nos humillemos nosotros mismo y otra persona, la sensación de ineptitud y falta de merito  se halla de igual manera.

Cuando somos verdaderamente humildes no existe una sensación de menoscabarnos o menoscabar a otro. De hecho es todo lo contrario: reconocemos nuestro verdadero valor solamente en Cristo y dejamos en claro que dependemos de la bondad y el poder de Dios que nos sostiene Cuando mas recordamos nuestra fuente, mas nos inviste Él de poder para realizar hechos poderosos para su reino.

VERSICULO PARA MEMORIZAR: Humíllense pues bajo la poderosa mano de Dios, para que él los exalte a su debido tiempo. -1 Pedro 5:6.-

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